Hace exactamente 46 años, Vicente Cuervo Calvo, un joven obrero anarquista de la CNT afiliado en la fábrica Telefunken de la calle Antonio López, fue asesinado con un disparo por parte de ultraderechistas vinculados a Fuerza Nueva durante un acto de provocación en el barrio obrero de Vallecas que había sido prohibido por el Gobierno Civil.
A sus 22 años, Cuervo participaba junto a vecinas y activistas de izquierdas en una protesta contra la presencia de un mitin de la Fuerza Nacional del Trabajo (FNT) —brazo sindical de la organización ultraderechista Fuerza Nueva liderada por Blas Piñar— cuando fue ejecutado a corta distancia por un individuo armado en la calle Carlos Martín Álvarez, cerca del cine París.
Los hechos ocurrieron en medio de tensiones sociales y políticas extremas durante la Transición española, apenas días después del brutal asesinato de Yolanda González, también a manos de grupos de extrema derecha, y en un contexto en el que la violencia parapolicial y ultraderechista golpeaba a barrios populares sin una respuesta judicial efectiva.
A pesar de que testigos presenciales relataron que la bala que alcanzó a Vicente fue disparada deliberadamente por un ultra, el caso fue sobreseído en apenas tres meses y nadie fue identificado ni juzgado por el crimen, dejando al joven como símbolo de la impunidad de la violencia política de la extrema derecha durante esos años.
Durante décadas, su asesinato cayó en el olvido institucional y mediático. La prensa de la época llegó a presentar su muerte como un episodio casual o como resultado de una reyerta callejera, mientras que la familia fue presionada para no revelar su militancia sindical y no hacer homenaje público.
No fue hasta febrero de 2023 que el Gobierno reconoció oficialmente a Vicente Cuervo como víctima del terrorismo, otorgándole a título póstumo la Gran Cruz de la Real Orden de Reconocimiento Civil a las Víctimas del Terrorismo, un acto tardío que para muchos representa una mínima reparación simbólica tras décadas de silencio.
Hoy, organizaciones sociales, sindicales, vecinales y de memoria histórica siguen claman por verdad, justicia y reparación, recordando que la supuesta “pacífica” Transición española estuvo marcada también por episodios de violencia extrema, represión y falta de justicia para los trabajadores, militantes y activistas de izquierdas.
















