Venezuela envía su primer cargamento de crudo al ente sionista de Israel tras el secuestro del Presidente Nicolás Maduro

El petróleo venezolano, secuestrado por la intervención imperialista, se desvía hacia aliados de Estados Unidos y cómplices de la ocupación en Palestina.

Una bomba de petróleo de Petróleos de Venezuela SA en el lago Maracaibo, en Cabimas, estado de Zulia, Venezuela. (Bloomberg/Gaby Oraa)
Una bomba de petróleo de Petróleos de Venezuela SA en el lago Maracaibo, en Cabimas, estado de Zulia, Venezuela. (Bloomberg/Gaby Oraa)

Venezuela ha enviado su primer cargamento de crudo a Israel después de que Nicolás Maduro fuera destituido por fuerzas estadounidenses a comienzos de este año, en una operación que consolidó el control de Washington sobre la principal riqueza energética del país. Según Bloomberg, el envío se dirige a Bazan Group, la mayor refinería del Estado israelí, un país responsable de la ocupación militar en Palestina y de violaciones sistemáticas de derechos humanos.

Hasta ahora, gran parte del petróleo venezolano se destinaba a China, dentro de esquemas de cooperación que resistían la subordinación al capital y al imperialismo estadounidense. En las últimas semanas, sin embargo, los flujos han sido reconfigurados para beneficiar a potencias y empresas alineadas con Washington, incluyendo compradores en India, España, Estados Unidos y ahora Israel (Bloomberg, 2026). Este cargamento, el primero hacia Israel desde 2020, refleja cómo la intervención extranjera no solo arrebató la soberanía política venezolana, sino que también subordinó sus recursos estratégicos a un mercado global controlado por intereses ajenos al bienestar del pueblo.

Mientras algunos medios presentan esta operación como una simple “reactivación de exportaciones”, la realidad es que el petróleo que debería impulsar desarrollo social y soberanía se convierte en instrumento de dependencia, lucro externo y consolidación del saqueo neocolonial. La entrega de crudo a Israel evidencia la complicidad de los nuevos actores en el poder con regímenes que ejercen violencia y ocupación sobre otros pueblos.

Este movimiento demuestra que el control de los recursos estratégicos por parte de Estados Unidos y sus aliados sigue siendo la principal amenaza a la soberanía de Venezuela y a cualquier proyecto de emancipación en la región. La historia reciente del país muestra que el petróleo no es solo un recurso económico: es un arma de resistencia o de dominación, y hoy, lamentablemente, se encuentra secuestrado por intereses imperialistas que priorizan la ganancia y la guerra sobre el bienestar de los pueblos.

Hasta ahora, gran parte del petróleo venezolano se destinaba a China, dentro de esquemas de cooperación que resistían la subordinación al capital y al imperialismo estadounidense. En las últimas semanas, sin embargo, los flujos han sido reconfigurados para beneficiar a potencias y empresas alineadas con Washington, incluyendo compradores en India, España, Estados Unidos y ahora Israel. Este cargamento, el primero hacia Israel desde 2020, refleja cómo la intervención extranjera no solo arrebató la soberanía política venezolana, sino que también subordinó sus recursos estratégicos a un mercado global controlado por intereses ajenos al bienestar del pueblo.

Mientras algunos medios presentan esta operación como una simple “reactivación de exportaciones”, la realidad es que el petróleo que debería impulsar desarrollo social y soberanía se convierte en instrumento de dependencia, lucro externo y consolidación del saqueo neocolonial. La entrega de crudo a Israel muestra, además, la complicidad directa de los nuevos actores en el poder con regímenes que ejercen violencia y ocupación sobre otros pueblos.

Este movimiento evidencia que el control de los recursos estratégicos por parte de Estados Unidos y sus aliados sigue siendo la principal amenaza a la soberanía de Venezuela y a cualquier proyecto de emancipación en la región. La historia reciente del país demuestra que el petróleo no es solo un recurso económico: es también un arma de resistencia o de dominación, y hoy, lamentablemente, se encuentra secuestrado por intereses imperialistas que priorizan la ganancia y la guerra sobre el bienestar de los pueblos.