Más de 10.000 personas desbordaron este pasado fin de semana las calles de Milán, desafiando el nuevo decreto de “seguridad” del Gobierno de Giorgia Meloni, para manifestarse contra los Juegos Olímpicos de Milano-Cortina 2026. La protesta, convocada por el Comité Olímpico Insostenible (Cio), duplicó las expectativas de asistencia y terminó con violentas cargas policiales, lanzamiento de petardos y al menos seis personas detenidas, posteriormente liberadas con una denuncia, según informa Il Manifesto. La movilización recorrió los barrios del sureste de la ciudad, entre el Villaggio Olímpico y la Arena Santa Giulia.
Entre los manifestantes se encontraban colectivos estudiantiles, centros sociales y asociaciones como los Giovani Palestinesi Italiani, que denunciaron el modelo extractivista y elitista que representan los Juegos Olímpicos. Bajo el lema “Recuperemos las ciudades, liberemos las montañas”, criticaron obras como la pista de bob de Cortina, que implicó la tala de 500 alerces y cuyo mantenimiento anual de un millón de euros recaerá sobre las arcas municipales. Lo que las autoridades vendieron como Juegos «sobrios» ha visto su coste dispararse de 2.000 a más de 6.000 millones de euros, un claro ejemplo de despilfarro en plena austeridad para la clase trabajadora.
El enfrentamiento con la policía se produjo cuando un sector de la manifestación, con los rostros cubiertos, avanzó hacia un cordón policial en el barrio de Corvetto. Manifestantes lanzaron petardos y piedras, y las fuerzas de seguridad respondieron con gases lacrimógenos, cargas y cañones de agua. Una joven resultó herida en la cabeza y un hombre sufrió una fractura en el brazo. Aun así, el grueso de la movilización permaneció compacto y concluyó la protesta en la zona de Brenta.
La portavoz de la ultraderechista Lega, Silvia Sardone, se apresuró a culpar a la “izquierda que mima a los violentos”, repitiendo la retórica oficial del Ministerio del Interior. Lejos de amedrentarse, los manifestantes continuaron la jornada con actividades deportivas en el ex Palasharp, ocupado para organizar actos de concienciación y resistencia.
La movilización puso de manifiesto la convergencia de luchas anticapitalistas: contra la especulación urbana, la devastación ambiental y en solidaridad con Palestina, en un contexto de crecientes restricciones al derecho a la protesta. También denunciaron la presencia de agentes de ICE —la Oficina de Inmigración y Aduanas de Estados Unidos— enviados para “custodiar a los deportistas”, a pesar de su historial de violencia y asesinatos, generando una ola de indignación en Italia.
Los Juegos Olímpicos de Milano-Cortina no solo son un espectáculo para la élite y un negocio multimillonario: son también una expresión de la violencia institucional y del despojo ambiental y social que sufren las clases populares.
















