Cieza acoge una denuncia sin ambages al imperialismo y la guerra mediática contra Venezuela

Pascual Serrano desenmascara en el Club La Atalaya la violencia del orden internacional y la complicidad de los grandes medios, presentado por el historiador Antonio Fernández Ortiz

Charla en el Club La Atalaya: claves para entender la escalada contra Venezuela | Dominic D. Skerrett
Charla en el Club La Atalaya: claves para entender la escalada contra Venezuela | Dominic D. Skerrett

El Club La Atalaya de Cieza fue ayer escenario de una de esas charlas necesarias que incomodan al poder, sacuden conciencias y rompen el cerco informativo impuesto por los grandes medios de comunicación. En un acto organizado en la tarde del lunes, el historiador Antonio Fernández Ortiz presentó al periodista y escritor comunista Pascual Serrano, quien ofreció una intervención contundente, rigurosa y profundamente política sobre la situación en Venezuela, el papel del imperialismo estadounidense y la absoluta quiebra del derecho internacional.

Lejos de los análisis superficiales y de la propaganda mediática dominante, el encuentro sirvió para situar el conflicto venezolano en su marco histórico, económico y geopolítico, desmontando los relatos interesados que legitiman sanciones, bloqueos, agresiones militares y golpes de Estado encubiertos.

UNA MIRADA HISTÓRICA CONTRA EL RELATO COLONIAL

En su introducción, Antonio Fernández Ortiz —historiador comprometido y voz crítica habitual— recordó que la realidad de Venezuela no puede entenderse sin atender a la historia de América Latina como territorio permanentemente sometido a la dominación imperial. Desde las independencias tuteladas por las potencias europeas hasta la consolidación de Estados Unidos como gendarme global, las burguesías locales han actuado, una y otra vez, como intermediarias sumisas del capital extranjero.

Fernández Ortiz subrayó que los intentos de construir Estados soberanos, con control sobre los recursos naturales y políticas de redistribución social, han sido sistemáticamente saboteados, derrocados o asfixiados, citando casos paradigmáticos como Chile y el golpe contra Salvador Allende, ejecutado con la complicidad directa de Washington.

EL SECUESTRO DE UN PRESIDENTE Y LA NORMALIZACIÓN DE LA BARBARIE

Ya en su intervención, Pascual Serrano centró su análisis en los hechos más recientes, denunciando sin rodeos la agresión directa de Estados Unidos contra Venezuela a partir del 3 de enero: bombardeos, asesinatos y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y de la diputada Cilia Flores.

Serrano fue tajante: se trata de un acto de guerra, una violación flagrante de la Carta de las Naciones Unidas, del principio de autodeterminación de los pueblos, de la Convención de Viena y del propio derecho interno estadounidense. Sin embargo, lo verdaderamente alarmante —señaló— es la normalización mediática de esta ilegalidad, tratada con una inquietante naturalidad por la prensa hegemónica.

“Secuestrar a un jefe de Estado se convierte así en una práctica aceptable si quien lo hace es una potencia imperial”, advirtió, denunciando que esta lógica sienta un precedente brutal: la ley de la selva como nuevo orden internacional.

MENTIRAS, GUERRA PSICOLÓGICA Y SAQUEO

El periodista desmontó una a una las justificaciones utilizadas por la administración estadounidense; desde las acusaciones falsas sobre narcotráfico hasta el inexistente “cártel de los soles”, desmentido incluso por informes oficiales de la DEA. Frente al relato del “rescate de la democracia”, Serrano recordó que el verdadero objetivo ha sido siempre impedir que Venezuela decida soberanamente sobre su petróleo y su modelo político.

Las sanciones —definidas sin ambigüedades como un bloqueo económico criminal— han impedido el desarrollo del país, han deteriorado las condiciones de vida de la población y han sido utilizadas como arma de guerra para provocar colapsos internos. A ello se suman operaciones de guerra psicológica destinadas a sembrar desconfianza, fracturar al chavismo y presentar como inevitables soluciones impuestas desde fuera.

SOBERANÍA, TRAUMA SOCIAL Y LÍMITES DE LA RESISTENCIA

Uno de los momentos más lúcidos de la intervención llegó al abordar las contradicciones internas del proceso venezolano. Serrano explicó cómo la economía rentista, heredada de décadas anteriores, permitió mejoras sociales reales durante los años de altos precios del petróleo, pero también dejó al país vulnerable ante la caída de ingresos, las sanciones y los errores propios del proceso revolucionario.

La población —señaló— no ha abandonado la política por apatía, sino por trauma. Tras años de bloqueos, amenazas e injerencias, la prioridad pasa a ser sobrevivir y evitar una escalada bélica devastadora. No responder militarmente a una agresión imperial puede ser racional, pero tiene un coste político enorme que desgasta al proyecto por dentro.

IMPERIALISMO, EUROPA Y EL CINISMO GLOBAL

Serrano fue igualmente contundente al referirse al papel de la Unión Europea, definida sin rodeos como nula e hipócrita: grandes discursos sobre derechos humanos, ninguna sanción contra Estados Unidos o Israel, y una sumisión absoluta al eje atlántico.

También desmontó la idea de que Rusia o China actúen por solidaridad internacionalista, recordando que la geopolítica real se rige por zonas de influencia y cálculos de poder, no por altruismo.

PERIODISMO PARA NO MIRAR A OTRO LADO

El acto concluyó con una reflexión histórica: a veces, como en el Tratado de Brest-Litovsk firmado por Lenin, ceder en el corto plazo puede ser la única forma de sobrevivir para seguir luchando. Una idea incómoda, pero necesaria, frente a los discursos épicos vacíos que no pagan los costes de la guerra.

La charla de Pascual Serrano en Cieza fue, en definitiva, una enmienda a la totalidad del relato hegemónico dominante, una defensa del derecho de los pueblos a decidir su destino y una llamada urgente a construir un periodismo que no sea correa de transmisión del poder, sino herramienta de emancipación.

En tiempos de censura blanda, propaganda de guerra y desinformación sistemática, encuentros como el vivido este lunes en el Club La Atalaya recuerdan que pensar, hablar y organizarse sigue siendo un acto profundamente subversivo.